Preguntas Frecuentes

Contrato en el cual una persona física o jurídica transmite la propiedad de bienes o derechos a un fiduciario para que se encargue de cuidarlo y administrarlo de acuerdo con los fines que determine el contrato.

Un contrato de fideicomiso puede tener muchos fines de acuerdo con lo que determine la persona o institución que lo crea.

Fideicomitente: Es el que trasmite la propiedad de bienes o derechos al fiduciario.
Fiduciario: Constituye y administra el patrimonio autónomo separado e independiente de los bienes del fideicomitente, de la fiduciaria, del beneficiario y de otros fideicomisos según las especificaciones del Acto Constitutivo. Fideicomisario o beneficiario: Es el que percibe los beneficios del Fideicomiso.

No, el fiduciario solamente puede efectuar los procesos expresamente señalados en el contrato. Además, cualquier variación en el acto constitutivo debe ser por acuerdo de todas las partes, en todo caso la fiduciaria deberá recibir instrucciones formales y deberá firmarse adenda al contrato.

1. Existe una persona o institución que crea el fideicomiso llamado fideicomitente.
2. El fideicomitente entrega bienes o derechos a otra persona o institución para que los administre a través de un contrato.
3. La persona o institución que recibe el bien y lo administra se llama fiduciario.
4. Por sus funciones el fiduciario recibe un pago.
5. El fideicomitente decide como se administrará el bien.
6. El fiduciario cuida y administra el bien recibido según se lo indique el fideicomitente a través de un contrato.
7. El fiduciario tiene que ser una persona o una entidad muy confiable y responsable.
8. En el fideicomiso se pueden nombrar fideicomisarios o beneficiarios.

Sí, siempre y cuando sean empleados para la realización de fines lícitos y predeterminados en el acto constitutivo.

La ley establece que los fideicomisos no tienen un plazo máximo, sin embargo, estos no pueden superar los treinta años si se designa como fideicomisario a una persona jurídica, salvo si esta fuere estatal o una institución de beneficencia, científica, cultural o artística, constituida con fines no lucrativos;

1. No tiene que someterse al trámite de procesos judiciales, ya que el fideicomiso es una figura jurídica tipificada. El proceso de ejecución lo realiza la fiduciaria conforme lo estipulado en el contrato. Lo cual agiliza el procedimiento.
2. Menores costos de constitución que las hipotecas.
3. Podría utilizarse para respaldar diferentes operaciones de crédito sin necesidad de algún trámite adicional a nivel de escritura pública.

1. Permite en vida determinar el destino y uso del dinero en caso de pólizas de vida o bienes inmuebles, derivados del fallecimiento.
2. Oportunidad para el asegurado de designar a sus beneficiarios, las cantidades que le serán entregadas en modo y tiempo, si son menores de edad o se encuentran en estado de incapacidad jurídica.
3. Evita tardados trámites sucesorios, gastos notariales y legales.
4. Evita la validación de testamento. Si la propiedad se transfiere correctamente al fideicomiso durante la vida, generalmente se evitará la validación de testamento después del fallecimiento, lo cual a menudo puede acelerar el proceso de administración.
5. Mantiene la confidencialidad después del fallecimiento. Ya que un testamento típicamente pasa por una validación de testamento, este se convierte en un documento público. Normalmente, un fideicomiso de administración patrimonial no lo es y, de este modo, puede ser usado para que se respete la confidencialidad de los asuntos del titular del patrimonio.
6. Flexibilidad de planificación del patrimonio. El titular de los bienes puede establecer en el contrato de fideicomiso todas las estipulaciones que considere pertinentes en lo que respecta a la disposición del patrimonio. De esta manera puede establecer la distribución inmediata de los bienes o por el contrario requerir la administración ordenada de dichos bienes con el fin de evitar un consumo no deseado de los mismos. Esto puede ser debido a una variedad de razones entre las que se incluyen: edad del beneficiario, mala administración financiera, matrimonio inestable, o abuso de sustancias o problemas de adicción a los juegos de azar y apuestas.